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domingo, 12 de junio de 2022

El ultimo verdugo de Agurain

 


El último verdugo de Agurain

Historia del último verdugo de Agurain – 2



Un pedazo de la historia negra

Gregorio Mayoral fue el ejecutor de la última pena de muerte llevada a cabo en Agurain en 1897. El 27 de abril de aquel año fue ejecutado por el método del garrote vil Ángel Martínez Lagrán, un posadero acusado de haber asesinado a un tratante de ganado.


El 27 de abril de 1897 fue ejecutado en Agurain – Salvatierra por el método del garrote vil Ángel Martínez Lagrán. El condenado, que era posadero, estaba acusado de haber asesinado a un tratante de ganado aguraindarra, apellidado Arróniz. La ejecución tuvo lugar en las afueras de la villa, extramuros, en un alto que entonces se llamaba la Ventica, porque existía allí una venta, en el camino que iba hacia Langarika y Alaitza. Muy cerca estaban las casas de labranza del barrio de las Eras de San Martín y todo lo demás era campo.

Actualmente allí se extiende uno de los nuevos barrios de Agurain, pero la denominación de una de sus calles recuerda la antigua Ventica.

El verdugo que llevó a cabo la ejecución se llamaba Gregorio Mayoral Sendino. Había nacido en Cavia, localidad de la provincia de Burgos, a 15 kilómetros de la capital, en 1861.

La de Ángel Martínez Lagrán fue su tercera ejecución. Antes había ajusticiado a un tal Domingo Bezares, en Miranda de Ebro en 1892, y a Rafael González Gancedo, en 1889 en la localidad de Tinéu, en Asturias.

  

La costumbre en la época era la de ejecutar públicamente a los reos en el lugar donde habían perpetrado sus fechorías, para conseguir un efecto ejemplarizante y, también, para aplacar las ansias de venganza de los allegados de las víctimas. Así ocurrió, por ejemplo, con Juan Díaz de Garaio, más conocido como el Sacamantecas, quien fue trasladado en 1879 a Vitoria desde la cárcel de León para ser ejecutado, tal como se relata en la película Cuerda de presos, dirigida en 1956 por Pedro Lazaga, adaptando una novela de Tomás Salvador.

En agosto de aquel mismo año, 1897, Gregorio Mayoral ejecutó a Michele Angiolillo, un anarquista italiano acusado del asesinato de Antonio Cánovas del Castillo, presidente del Gobierno de España, cuando tomaba las aguas en el  balneario de Santa Águeda, en Mondragón.

Kepa Ruiz de Eguino ha investigado este asunto en el archivo del Ayuntamiento de Agurain y en el de Vitoria-Gasteiz, localizando además artículos periodísticos de aquella época. Ente ellos hay una entrevista publicada en el Diario de Burgos a un familiar de Gregorio Mayoral, en la que éste es descrito como un hombre de orígenes muy humildes, que fue pastor en su juventud y que acabó siendo verdugo para escapar del hambre.

  

Gregorio Mayoral Sendino ejecutó en su vida profesional a más de 60 reos. Era un verdugo itinerante, que acudía allí donde era contratado para una ejecución. Viajaba de patíbulo en patíbulo, llevando en una funda de guitarra sus instrumentos de trabajo.

Este detalle era una muestra de su profesionalidad, ya que usaba herramientas propias, ya que consideraba que las que había en las cárceles y los juzgados estaban en muchos casos deterioradas y oxidadas. Gregorio Mayoral era un verdugo orgulloso de su eficacia, que alardeaba de liquidar a los reos en no más de segundo y medio.

Gregorio Mayoral es descrito como un hombre bajito y regordete, de rostro cetrino y expresión tranquila, que vestía con sencillez pueblerina. Fue pastor en su pueblo, pero su familia se trasladó a Burgos capital, buscando un futuro mejor.

Allí, Gregorio ejerció de zapatero y de peón de albañil, ingresó en el Ejército, pero no valía para la vida militar, así es que sin trabajo y debiendo atender a su anciana madre, decidió presentarse a concurso como funcionario del Estado, para un puesto que había quedado vacante, el de verdugo. A su madre le costó muchas lágrimas aceptar el nuevo oficio de Gregorio, pero al final el sueldo de 1.750 pesetas anuales acabó con sus reticencias.

El escritor Ricardo Gullón, quien entrevistó a Mayoral poco antes de su muerte, expresó cómo el verdugo “asumió siempre su oficio con naturalidad, como si despachar a los condenados fuera ejercicio tan normal como tramitar un expediente de aguas”. Gregorio Mayoral murió en Burgos en octubre de 1928, de muerte natural. Ejerció su oficio casi hasta aquel día. Ya viudo, vivía en una pobre vivienda de las afueras de la capital castellana, al cuidado de su nieta Paquita, puesto que su hija y madre de la pequeña se había fugado con un soldado.

Nunca tuvo remordimientos por los condenados que había enviado al otro mundo, por el contrario lo consideraba como un trabajo normal, en el que actuaba siguiendo órdenes oficiales y que ejercía con la máxima profesionalidad. Aún más, Gregorio Mayoral se sentía, según sus palabras, orgulloso de haber conseguido humanizar el garrote vil. Una película, ésta de Luis García Berlanga con guión de Rafael Azcona, El Verdugo, realizada en 1963, se inspiró en la figura de Gregorio Mayoral, a quien interpretó Pepe Isbert.

 


El garrote vil           

Gregorio Mayoral realizó diversas mejoras en este instrumento. “No hace ni un pellizco –manifestó en una entrevista con el periodista José Samperio-, ni un rasguño, ni nada; es casi instantáneo, tres cuartos de vuelta y en dos segundos…”. Sus colegas admiraban el trabajo de Mayoral, destacando la precisión y rapidez con que manejaba el garrote vil.

El Ayuntamiento de Agurain -Salvatierra, cuyo alcalde era Domingo de Azkarraga Zabala, solicitó la conmutación de la pena de muerte de Ángel Martínez Lagrán, firmada por numerosos vecinos. Se trataba de una iniciativa del vitoriano Guillermo Elío Molinuevo, quien en 1916 llegaría a ser alcalde de Vitoria, que resultó infructuosa. Martínez Lagrán fue trasladado a Agurain en tren, desde la cárcel de Vitoria, el viernes día 26 de abril.

Llegó a las cinco de la madrugada y, tras realizar los trámites procedentes, fue puesto en capilla a las ocho de la mañana. La víspera había llegado a la villa el verdugo, Gregorio Mayoral.

El Gobierno Civil de Álava recordó al Ayuntamiento de Agurain la prohibición de establecer puestos de venta de comidas y bebidas, así como la de la venta ambulante en el sitio de la ejecución y en el trayecto de la capilla hasta el mismo “a fin de que en el acto resulten el recogimiento y el debido respeto”. La estancia del verdugo en Salvatierra originó al Ayuntamiento un gasto de 31 pesetas y 30 céntimos.


Gregorio Mayoral dispuso la argolla de hierro en torno al cuello de Ángel Martínez Lagrán, realizó su trabajo con eficacia, cubrió el rostro del ejecutado con un paño negro y se marchó, tan silencioso y sereno como había llegado, comentando como solía “con la música a otra parte”.

 

Ésta es la historia de Ángel Martínez Lagrán y Gregorio Mayoral Sendino, cuyas vidas se cruzaron, fatalmente para el primero, una mañana del sábado 27 de abril de 1897, festividad de la Virgen de Montserrat. Historia que, una vez más, nos demuestra que no es lo mismo hacer justicia que ajusticiar.

Fernando Sanchez Aranaz

Kepa Ruiz de Eguino

martes, 22 de marzo de 2022

Rescate en Entzia

 


CRONICA DEL RESCATE INVERNAL DE 1960 A LOS TRABAJADORES DEL PETROLEO EN ITAIDA (ENZTIA)


Avelino, Friddel Dineman “la alemana”y Elías Ruiz de Alegría, grandes montañeros


Mi hermano Jaso me pide que haga un esfuerzo, recuerde y escriba lo que ocurrió aquel lejano invierno de 1.960, cuando mi amiga Friddel  Dineman, conocida en el mundo del montañismo alavés como "La Alemana"  y yo subimos a la Sierra de Entzia para ayudar a un grupo de trabajadores de la prospección petrolífera "Urbasa" que llevaban más de una semana bloqueados por la nieve en la zona de Itaida .

Hace ya tanto tiempo que mis recuerdos son vagos y un poco desordenados lo que me obliga a pedir ayuda a mi amiga Ursula Richter, amiga y compañera de trabajo de Friddel en la empresa de perforación.

Gracias a ella he podido ordenar un poco mis ideas y recuerdos y completar muchos datos que sin su ayuda no hubiera sido posible por lo que, desde aquí, deseo expresarle mi agradecimiento, ya que además de los datos que me dio me orientó hacia la Sociedad de Estudios Vascos – Eusko Ikaskuntza y al libro de Kepa Baquedano "Búsqueda de Petróleo en ALava" que lo he leído y estudiado y de el que he conseguido muchos y valiosos datos gracias a la ayuda de la  Srta. Uxue secretaria de la Sociedad. Agradezco al Sr. Baquedano por su interesante estudio y a Esuko Ikaskuntza por su libro, aunque lamentablemente está agotado, me ha servido de gran apoyo y ayuda.

Antes de relatar lo que disfrutamos, pasamos y sufrimos aquel día de invierno del año 1960, quiero hacer una exposición de lo que he conseguido recopilar sobre la empresa perforadora y su equipo humano.

Alava es una zona con muchas posibilidades de esconder petróleo o gas en sus entrañas. No hay más que recordar las explotaciones de Asfaltos de Campezo – Atauri o de gas en Castillo a sólo  4 kilómetros de Vitoria.

Alava concentró el 25% de todos los metros perforados en España entre 1950 y 1970. El único sondeo positivo en nuestra provincia ha sido el del gas de Castillo que ha estado suministrándolo a Esmaltaciones San Ignacio hasta fechas recientes.

Salvatierra – Agurain y su zona fue pionera en tratar de buscar petróleo: La primera licencia concedida en la provincia fue el 6/7/1901, expediente nº 1305 para la mina denominada "Eguileor". El sondeo se inició  en la zona del "El Cristo, se alcanzaron los 450 metros de profundidad y lo financió Don Ignacio Murua  y Balzola, Conde del Valle y vecino de Bergara.
Luego hubo otros intentos, también sin resultado, por lo que no es de extrañar que la zona fuera objeto de interés para la empresa estatal INI (Instituto Nacional de Industria) que, a partir de 1.952 se quedó con todos los derechos de explotación del estado español.  Para ello se apoyó en la empresa CEPSA constituida en 1.929 y fundó la sociedad CIEPSA (Compañía de Investigaciones y Exploraciones Petrolíferas S.A.)

Con esta empresa como base se llevó a cabo una "Joint Venture" con la Compañía Holandesa – alemana GULF DEILMAN. Según la leyes de la época la empresa española tenía el 51% y la extranjera el 49% restante. Las bases técnicas eran holandesas – germanas y las administrativas españolas.

CIEPSA localizó una prospección que consideró optimista en el pueblo de Alda en el Valle de Arana y en el año 1.956 alcanzó en el pozo "ALDA I casi los 5.000 metros  y fue la perforación más profunda de Europa hasta los años setenta.

En  el año 1.959 vinieron a perforar a la Sierra de Entzia con las prospección URBASA I que es la que nos va a ocupar el presente trabajo.

El ingeniero jefe de la Compañía era el Dr. KLaas; el Dr. Bijvank era el jefe de geología y micro paleontología ayudado por un joven de Estella,  llamado Adolfo Eraso, hoy famoso glaciólogo y experto en la Antártida.

Como geólogo estaba el Dr. Schmidt y como responsable jefe administrativo era Don Rafael Tejero. Las Srtas. Friddel y Ursula estaban en la Secretaría Técnica del Director Geológico. CIEPSA estaba domiciliada en Vitoria – Gasteiz en la Calle Portal de Castilla nº 46.



Para llegar a la zona de sondeo que, después de numerosas pruebas se fijó en las Campas de Itaida, tuvieron que hacer la carretera que sale del Puerto de Opakua y que luego fue ampliada hasta las proximidades de Legaire, en el término de Igurita y más allá.

Para refrigerar las brocas de perforación aprovecharon el agua de la Fuente de Iturbaz en lo que hoy aún se llama la "Presa de los Alemanes" y desde ella y siguiendo el trazado de la carretera llegaba a la perforación.

Después de este preámbulo, ya tenemos a la empresa CIEPSA con sus equipos humanos y mecánicos instalados en la Sierra de Entzia. Son los primeros días del mes de Agosto del año 1.959 y las brocas comienzan a perforar. El equipo humano es de 20 personas además de los responsables y están divididos en dos equipos de 10 personas cada uno. Los relevos hacían semanalmente en vehículos todo terreno "Land Rover" fabricado en Linares (Jaén) subiendo al Puerto de Opakua desde Agurain.

Los trabajadores vivían en barracones, bien acondicionados para la época (mediados del siglo pasado) y estaban comunicados con la sede de la compañía a través de una estación de radio.

Según avanza el sondeo  se van  encontrando indicios esperanzadores de petróleo y gas, pero en todos los casos resultan pequeñas bolsadas que no justificaban su explotación. Finalmente la perforación llegó a los 3.835 metros y se cesaron los trabajos en Agosto de 1.960.

Durante el verano y el otoño la climatología ayudó, pero al llegar el invierno comenzaron a caer pequeñas nevadas que no entorpecían los trabajos y las labores de prospección se iban realizando con absoluta normalidad.



LA GRAN NEVADA

El problema comenzó con la gran nevada que cayó entre finales de Febrero y comienzos de Marzo.

Durante más de una semana no cesó de nevar, las carreteras ce cerraron y sólo se mantenía abierta a duras penas la Nacional I, aunque con grandes dificultades. En cuanto a la carretera de Agurain a Opakua sólo estaba abierta hasta el paso a nivel y luego era un manto blanco que crecía cada día.


Sondeo Urbasa en Itaida en Entzia con nieve en 1960.
F. Baquedano


El inicio de esta nevada coincidió con el cambio de turno y los vehículos que subían a los trabajadores y responsables al sondeo no podían llegar hasta él. En el Puerto de Opakua tuvieron  que volverse los vehículos hacia Vitoria, mientras los trabajadores tuvieron que hacer el camino restante a pie.

Al llegar se juntaron casi treinta personas, pues, ambos turnos se habían quedado en la perforación. Tenían alimentos suficientes aunque no muy variados para algunos días, pero al cabo de los días comenzaron a faltar algunos medicamentos. Así las cosas, al cabo de una emana pidieron ayuda a la sede central y, en este momento, comienza a organizarse una acción de apoyo que se inicia el sábado de esa semana.


Elías Ruiz de Alegría y Friddel en 1960


La técnica alemana Friddel se pone en contacto telefónico con Elías Ruiz de Alegría y le propone intentar subir al día siguiente hasta los sondeos de Itaida. Después de estudiar la situación, había casi un metro de nieve en el pueblo, quedaron para intentar la subida al día siguiente domingo a las 9 de la mañana.

EL RESCATE EN LA SIERRA DE ENTZIA


Tras preparar el equipo, esquís, botas, raquetas, algo de comida y ropa de abrigo. A las nueve de la mañana del domingo estaba esperando en la carretera junto a la antigua gasolinera manual.


Una de las impresionantes nevadas que caían en Agurian – Salvatierra a mediados del siglo pasado


El tiempo pasaba y allí no llegaba nadie; a las diez y media llegó,  por fin, el Land Rover con Friddel y lo que teníamos que subir, bastantes medicamentos, además de las otanas de pan recién cocidos.

Las causas  del retraso fueron dos, la primera que tuvieron que recoger todos los medicamentos de la Farmacia de la Sra. Lérida de la Calle Postas, que además de conseguirlos, abrió a las seis de la mañana para prepararlos y embalarlos adecuadamente y la segunda que el viaje de Vitoria hasta Agurain les había llevado más de hora y media por la nieve acumulada.

Rápidamente preparamos todo y salimos en dirección al Puerto de Opakua. Pasado el paso a nivel nos pusimos los esquíes y comenzamos la subida tediosa y lenta porque, a  pesar de ir sobre esquís nos hundíamos hasta las rodillas y hacer huella costaba mucho en aquella nieve blanda y esponjosa.

Llegar al pueblo de Opakua exigió más de una hora y comenzamos a aceptar que, subir y bajar en el día, iba a ser imposible, como así sucedió.

Y entonces fue cuando cometimos un gran error, tratando de ganar tiempo cambiamos los esquís por raquetas y en las últimas casas del pueblo abandonamos la carretera para intentar subir por las laderas pensando que ahorraríamos tiempo al atajar en recto las curvas de la carretera. Nuevo problema, el avance era más lento y trabajoso y al superar la zona de la vaguada del riachuelo y comenzar a subir vimos que si seguíamos aquello era una trampa que nos estaba engullendo. Deliberamos, volvimos a calzarnos los esquís, dimos la vuelta y otra vez a la carretera.


Elías Ruiz de Alegría, profesor de la escuela de alta montaña.


Otra hora perdida y a seguir  su trazado, apenas perceptible, que nos introducía en un mundo blanco, solitario y rodeados primero de robles de aspecto fantasmal totalmente rebozados en nieve y luego de hayas con una figura igualmente tétricas, dada la gran cantidad de nieve que almacenaban.

Desde que salimos de Agurain nieva suavemente con copos grandes y esponjosos que van cubriendo poco a poco lo que nos hacía parecer muñecos de nieve que se movían lentamente y que de vez en cuando, se paraban para descansar, beber agua y comer algún fruto seco.

Seguimos subiendo,  en algunos sitios, sobre todo en las curvas, nos encontramos con grandes ventisqueros más altos que nosotros, algunos de más de tres metros que tenemos que atravesarlos. En más de una ocasión nos asalta la idea -¡Pero que diablos hago yo aquí!. -¡Mejor nos damos la vuelta y a casa!. Friddel es la más optimista -¡arriba! - ¡arriba! , pero el ascenso no parece acabar nunca.

Por fin hacia las cuatro y media de la tarde llegábamos a lo alto del Puerto de Opakua y enfilamos la traza de la carretera hacia el sondeo de los petroleros. El tiempo iba mejorando por momentos, hace mucho frío, pero no nieva. Avanzamos más rápido y con menos esfuerzo.

A la caída de la tarde, avistamos el sondeo de Itaida y somos recibidos por todos los trabajadores con mucha emoción. Habían estado todo el día muy preocupados  esperando nuestra llegada y sin noticias. Entonces no había móviles como hoy, aunque en la Sierra Entzia, tampoco es que haya mucha cobertura. En aquello tiempos salías y tenían alguna noticia tuya cuando llegabas.


Trabajadores del sondeo Urbasa, en Itaida, foto de Benjamín Baquedano


La vista del pan y de los medicamentos les hizo mucha ilusión, pero creo que lo que más les afectó fue ver que dos personas habían llegado hasta ellos, lo que les dio una sensación de que no estaban totalmente solos y aislados y había una esperanza de que de aquí se podía salir.

La noche fue cayendo lentamente y el cielo se puso completamente raso con miles de estrellas que brillaban como nunca las había visto antes. Por radio comunicaron nuestra llegada, cenamos juntos y a dormir a los barracones.

Tras una fría noche amaneció un precioso día con un sol radiante, era lunes, en el cielo no había ni una nube y lo que ayer era triste u lúgubre como en la noche se transforma en luz y alegría la mañana al amanecer, los árboles dejaban de ser  fantasmas con sus ramas desplegadas y amenazantes pasan a ser esculturas blancas que semejaban figuras alegres y divertidas.

Desayunamos, nos calzamos los esquíes y comenzamos a desandar el camino de ayer, hoy mucho más fácil. Los esquíes se deslizan con facilidad y poco esfuerzo por las huellas que se han endurecido con el frío de la noche.


Término de Iturbaz, en Entzia “presa de los alemanes” en 1962


A la hora de comer, aunque un poco tarde, llegábamos a Agurain y la aventura, para nosotros se había acabado. No así para otros.

Tanto desde el pueblo de Opakua, como desde Agurain y sus anejas, así como en Iturrieta ya habían comenzado a trabajar para abrir la carretera con aquellos quitanieves de dos maderos unidos en cuña tirados por varias yuntas de bueyes;

Que diferencia de las modernas máquinas actuales. Como la cantidad de nieve era tanta, cada cuña iba tirada por seis parejas y hasta diez parejas de bueyes.

En un par de días la carretera quedó abierta y Friddel y yo disfrutamos con el recuerdo de lo que se había conseguido y de las penalidades pasadas, que ahora parecían alegres aventuras.


Elías Ruiz de Alegría
Ex profesor de la escuela de alta montaña


Acompañamos el presente escrito con una carta que hemos encontrado en la Revista Crónicas Iberoamericanas del año 1917 sobre el petróleo en Agurain enviada por Dionisio Preciado.


EL PETROLEO EN AGURAIN - 2
Crónicas Iberoamericanas Noviembre 1917

Petróleo en Salvatierra de Alava

Fotografía de las prospecciones petrolíferas que se realizaron en Agurain en 1917, de Dionisio Preciado – se trata de la huerta junto al Barrio del Rosario, al fondo la Iglesia de San Juan.


Nuestro suscriptor Don Dionisio Preciado de Salvatierra nos comunica que en terrenos de su propiedad, sacando piedra de una cantera hace algunos años tropezaron los operarios con una grieta efecto del correspondiente corrimiento de terreno de unos 25 cntms. de ancho y cuya longitud es todavía desconocida.

Recogidas estos y destilados dieron una mezcla de hidrocarburos que analizados en San Sebastián, Santander y Bilbao resultaron ser petróleo de superior calidad.

Demandado del terreno petrolífero una compañía española de sondeos estuvo trabajando por espacio de cuatro años y llegó a una profundidad de 954 metros hasta que por fin tubo que abandonarse la empresa por resultar muy caro el sondeo.

Cuando estalló la guerra europea, se habían iniciado negociaciones con dos empresas extranjeras que se comprometieron a continuar los trabajos, pero los acontecimientos impidieron proseguir adelante.

El señor Preciado asegura que el terreno donde se halla ubicado el pozo petrolífero como la mayor parte de la llanura alavesa de sedimentos de algunas formaciones e piedras calizas con fósiles abundantísimos de animales marinos, montones gigantescos de erizos de mar, etc.

El centro de Alava se encuentra a 10 kmts en línea recta del punto y cree el citado señor que el petróleo se encuentra entre las piedras calizas que se pueden obtener, para salir libre a la superficie.

Artículo publicado en la Revista CRONICAS IBEROAMERICANAS en el año 1917.


Textos y fotos:

Elías Ruiz de Alegría
Benjamín Baquedano
Jaso Ruiz de Alegría

jueves, 3 de marzo de 2022

El tunel de Ezkerekotxa

 

EL TESORO DEL TUNEL DE EZQUERECOCHA

Historia de la industria > El Ferrocarril en Agurain

EL TESORO DEL TUNEL DE EZQUERECOCHA
15 de Marzo de 1953

El talgo a su paso por Salvatierra – Agurain en los años cincuenta

El robo del tesoro de las joyas de la Virgen de los Reyes de Sevilla. De la catedral de Sevilla al túnel de Ezquerecocha. Un argumento digno de un thriller policíaco.

El 15 de Marzo de 1953, Emilio García  Gómez un joven de 17 años robaba las joyas y alhajas del tesoro de la Virgen de los Reyes de la catedral de Sevilla y en su huída y tras pasar por Madrid y Vitoria y al verse acorralado  por inspectores de los servicios secretos, decidió despojarse de una parte grande del botín, se metió en los lavabos del tren y tiró cantidad de joyas justo en el momento en que el talgo entraba en el túnel de Ezquerecocha, ya muy cerca de Agurain, rompiéndose en mil pedazos y desperdigándose brillantes joyas, piezas de oro, de plata, brillantes y piedras preciosas por las vías de este oscuro túnel.

El viaje del joven sevillano siguió, tras muchas peripecias, a través de Irún  hasta París para acabar siendo detenido en Londres por miembros se Scotland  Yard.

Es curioso porque en el año 1953 no había Unión europea y con la jefatura del Estado en manos del Dictador, Europa no miraba con buenos ojos y sin embargo la detención del ladrón, fue fruto de la eficaz intervención de la Policía nacional, la prefectura parisina, el famoso Scotland Yard y la inestimable colaboración de una misteriosa pintora polaca, amiga o amante del ladrón y residente en Paris.


Pero en cuanto a lo que a nosotros nos atañe comenzaron a circular piezas de oro y joyas  por los comercios de Agurain, al parecer un guardavías, Máximo Gomez, que trabajaba en el túnel de Ezquerecocha empezó a encontrar parte del tesoro diseminado por las vías del tren y las fue vendiendo o regalando a amigos y familiares de la Villa y al enterarse la gente comenzó la búsqueda del tesoro como si fueran a buscar caracoles y eso que era Julio, Julio de 1953.

Hasta que llegó la noticia a las fuerzas del orden público y comenzaron las investigaciones por los comercios de la Villa, siendo detenidas algunas personas y algún joyero y llevados a declarar a la comisaría.

Algunos comerciantes de Agurain aún recuerdan como sus padres fueron llamados a declarar sobre posibles pagos de especias con oro o alhajas o para explicar cómo  algunas personas habían ofrecido cruces o colgantes de obispo de oro y piedras preciosas a cambio de una traje a medida o un vestido para la señora.


El paradero de las joyas arrojadas al retrete

Cuando Emilio viajaba en el Talgo desde Madrid a Irún, el temor porque lo descubriera el brigada que le pidió la documentación, le hicieron arrojar buena parte de las joyas por el retrete. Todas estas piezas, sin quererlo, formaron parte de una segunda trama de esta historia que acaba con nuevos detenidos.

Álava, noche del 11 de junio. Joyas por el retrete.

Las joyas que fueron arrojadas por el retrete del Talgo en el que viaja fueron encontradas a los pocos días por Máximo Gómez Fontanal, guardavías nocturno a las órdenes de Renfe. En el trayecto sometido a su vigilancia se encontraba el túnel de Ezquerecocha (Álava), a cuya altura el delincuente se había desecho de las joyas que escondía en el termo.

Por la velocidad del tren y la forma con la que fueron arrojadas, las joyas quedaron diseminadas por una gran superficie que el trabajador de la Renfe se encargó de recorrer en los días sucesivos con objeto de apropiarse de todas las piezas sin llegar a imaginar su oscura procedencia.

Durante veintiún días tuvo en sus manos las joyas. Vendió algunas y otras fueron regaladas a amigos y familiares. Días después, uno de sus amigos le recomendó depositar las joyas ante la policía vitoriana ante la extrañeza de los hechos. Así lo hizo. El guardavías decidió hacer entrega de algunas de las joyas que le quedaban en su domicilio pero ocultó, en todo momento, aquellas otras que había acabado regalando o vendiendo y que habían sido valoradas en 50.000 pesetas.

19 de junio: Vendidas en Irún

Transcurrida una semana Máximo Gómez Fontanal viajó a Irún para dirigirse al establecimiento de joyería y relojería que regentaba Enrique Antonio Quesada Uzcanga. A éste le ofreció buena parte de las joyas que todavía poseía y que no habían sido entregadas a la Policía vitoriana. El joyero aceptó la compra de varias piezas entendiendo, tras analizarlas, que todas ellas atesoraban gran valor. De este modo, se quedó con tres sortijas de oro, dos aretas y dos broches del mismo material, un solitario de caballero, una sortija de platino y oro con un brillante y otras piezas de menor valor. Todo ello fue adquirido por 775 pesetas, un precio muy inferior a su valor real.

Buena parte de estas joyas fueron deshuesadas o sus piedras fueron reemplazadas por otras, utilizando sus metales en diversos trabajos.

Cuando a los pocos días, el escándalo de la detención de su principal responsable y el recorrido que había hecho con las joyas saltaron a las hojas de la prensa, el relojero compareció ante la policía asegurando que, entre sus joyas, se encontraban algunas de las robadas a la Virgen de los Reyes. Sin embargo, su declaración fue realizada de forma parcial, de modo que ocultó a la policía muchas de las piezas que había adquirido a aquél guardavías de la Renfe.

Los joyeros tenían la obligación, en aquella época, de poseer un libro de asiento en el que registraban todas aquellas piezas con las que trabajaban. Algunas de las robadas a la Virgen de los Reyes y que llegaron hasta sus manos no fueron registradas en libro alguno, hecho que alertó a la policía para denunciarlo ante el juez


LA INSOLITA ESCAPADA DEL JOVEN EMILIO GARCIA
DE SEVILLA A PARIS


Los sucesos que lo provocan parece que son causados por la casualidad aunque su descripción forma parte de un relato insólito. Emilio García coge en Madrid un Talgo que lo lleve a Irún. Durante el trayecto, un brigada móvil le solicita la documentación y, tras devolvérsela sin mediar palabra opta por quedarse a dormir en la plaza que había libre junto al lugar donde éste viajaba.

Emilio sospechó que algo extraño debía estar pasando y, temiendo ser descubierto por el brigada, se fue a los servicios del tren, tirando por el retrete las joyas que guardaba en el termo, de modo que quedaron esparcidas por la vía.

El ladrón se quedó, únicamente, con las que guardaba en el panecillo. Las arrojadas a la vía se esparcieron a la altura del túnel de Ezquerococha (Álava).

No termina aquí el accidentado viaje ya que cuando va a pasar la frontera franco-española, las autoridades lo retienen por no cumplir su pasaporte con todos los requisitos legales. Ante el miedo de ser descubierto, intenta eludir el control, siendo detenido por las autoridades españolas.

Éstas lo llevaron al calabozo de una de las comandancias de la zona y, antes de ser registrado, aprovechó para entrar en el retrete y esconder las joyas que guardaba en el panecillo alojándolas en su ropa interior. El ladrón pinchó y pendió las joyas en el calzoncillo, "al sitio de la entrepierna", como reza la sentencia.

La suerte le acompañó pues fue sometido a un registro superficial donde los gendarmes no notaron ningún elemento extraño que fuera más allá de las meras pertenencias personales.

Tras unos días de espera, Emilio García consiguió el complemento que a su pasaporte le faltaba para emprender su viaje a Francia. El 22 de junio atravesaba, por fin, la frontera y ese mismo día llegó a su destino marcado desde que salió de Sevilla: París


Al día siguiente Emilio ya tenía preparada su salida de París para viajar hacia Inglaterra. Allí le esperaba Kennetk George Brayley al que conoció durante su estancia en la capital francesa. Al mismo tiempo que planeaba su viaje a Gran Bretaña, las dos personas con las que había compartido casa en Paría (Alberto Domínguez Muriel y Rosa Aranovici) denunciaron a Emilio ante la policía parisina y devolvieron varias de las alhajas robadas a las autoridades del país.

El joven sevillano, de 17 años, fue detenido e ingresado en prisión el 22 de julio de 1953, concretamente, un mes después de su llegada a París. Finalmente, el informe del perito que analizó las joyas robadas las valoró en 560.885

pesetas. El valor recuperado ascendió a 470.085 pesetas y todas las que faltaban fueron tasadas en unas 100.000 pesetas, aproximadamente.

JOYAS Y ALHAJAS DEL TUNEL DE EZQUERECOCHA

En 1953 todos los periódicos de la época se hacía eco de la gran cantidad de alhajas recogidas en el túnel de Ezquerecocha (Alava) cercano a Agurain. Según aquellas noticias, un empleado de vías y obras de la Renfe llamado Máximo Gomez Fontanal, encontró en varias veces gran cantidad de alhajas –algunas de clara procedencia sagrada- que vendió por la zona, incluso hasta en Irún y que regaló a vecinos y amigos.

Aquello, como ya quedó hecha cumplida información en días pasados en todos los informativos, alertó a la policía y permitió relacionar el paso de García Gómez (el joven sevillano que robó las joyas de la catedral) por Irún con el hallazgo. Nos remitimos a la nota oficial de la Jefatura de policía de Julio de 1953.

A continuación se ofrecía la relación de las joyas encontradas incluso se insertaban fotos con algunas de las alhajas:

1- Cruz de topacio, pectoral, diamantes montados en plata antigua – 8000 ptas.
2- Cruz de amatistas, pectoral de oro, le falta una pieza.
3 y 4 -  Dos trozos de collar gargantilla de brillantes y diamantes 7500 ptas.
5- Una ramo imperdible antiguo de diamantes rosas con plata y otro con perlas finas roto. 6- Un trozo de collar o colgante montado en oro y plata con diamantes rosas.
7- Seis trozos de collar o colgante con diamante montados en piedra y oro.
8- Seis amatistas en armazón de oro, uno de ellos con perlas.
9- Un topacio montado en oro.
10- Un diamante rosa en forma de pera que es parte del nº 6.
11- Un par de pendientes de oro filigrana y perlltas aljófar, uno de ellos roto.
12- Una crucecita de oro de rosario.
13- Un pasador de cadena de obispo de diamante.  
14- Colgante suelto perteneciente a una gargantilla sin la piedra de platino con brillantes.


15- Pendiente con garras y sin piedra de platino con brillantes.
16- Una montura de oro ovalada.
17- Una montura de oro sin piedra.
18- Otra montura de oro con nueve perlitas.
19- Un trozo de cadena de platino muy fina.
20- Dos trozos de rosario con perlas.
21- Restos de monturas de oro.
22- Un trozo de rosario.
23- Una pulsera rígida antigua de piedras aljofar.
24- Un anillo pectoral con amatistas y brillantes.
25- Una pulsera de oro partida en dos trozos, conocida como las llamadas "esclavas".
26- Una sortija de oro con topacios rodeada de perlitas en número de diez y seis.
27- Una sortija de oro, tipo lanzadera con pequeños brillantes , faltan tres de éstos, con esmaltes negros.
27bis- Una sortija de señora cuerpo central de tres círculos toda ella de diamantes.
28- Una pulsera de señora rellena de esmeraldas y brillantes con nueve de las primeras y de las segundas diez, cadena de oro, faltando bastantes esmeraldas y brillantes con un colgante simulando medio corazón con idénticas piedras y dos rubíes lleva grabada en uno de los laterales de la parte central la fecha 25-1895- y la inscripción "fecha inolvidable".
29- Un broche imperdible de oro con cuatro brillantes y tres perlas finas.
30- Un broche imperdible de tubo de oro con pequeñas perlas en el centro.
31- Un cruz de oro y esmalte, llevando engarzados seis brillantes.
32- El cuerpo al parecer de un camafeo, etc…ETC..


Y así hasta más de 400.000 pesetas de las de 1953. Además de algunas joyas históricas y otras de valor incalculable derramadas por las vías del tren hasta cerca de Agurain, donde por cierto varios años después unos trabajadores de las vías volvieron a encontrar  joyas religiosas.


Máximo Gómez Fontanal, el guardavías de Renfe, también había vendido parte de las joyas encontradas junto a los raíles a un relojero de Salvatierra, que ejercía el oficio en la clandestinidad. También se llamaba Máximo y sus apellidos Preciados Míguez de Nanclares.

Adquirió a precio extremadamente bajo diversas piezas escalonadas en tres operaciones. La última, el 20 de junio de ese año. Entre ellas, una montura de oro y un trozo de un rosario del mismo material, compradas por 21 pesetasun broche de oro con perlitas y turquesas, por la que pagó 75 pesetasdos barritas de plata con diamantes pequeños y un trozo de anillo de oro bajo en forma de lanzadera, vendidas por 391 pesetas. Y, finalmente, un pendiente de oro y platino con dos brillantes que le costó 400 pesetas.


Sirva esta última adquisición como ejemplo del escaso precio que pagó a su tocayo, el guardavías, por estas piezas. Pagó por el pendiente 400 pesetas y fue vendido por 1.100 pesetas cuando, realmente, los peritos los tasaron en 10.000 pesetas.

Esta pieza fue vendida en Vitoria a una corredora de alhajas y de nombre Filomena Mendoza Pereda. Ésta la revendió en 1.700 pesetas pero no tardó en arrepentirse porque era consciente del valor de la pieza que, como hemos referido anteriormente, ascendía a 10.000 pesetas.

Filomena no dudó en encontrar la más rebuscada de las excusas para convencer al que le había comprado la valiosa joya, José Sciortino Crisi, con objeto de que se la devolviera. De esta forma recurrió a un conocido, Gregorio Villareal, de prestigiosa familia en la localidad y que se hizo pasar por el verdadero dueño de la pieza. Filomena y Gregorio tuvieron que regatear hasta el extremo con José que, finalmente, accedió a devolver el pendiente por el precio de 2.000 pesetas, 300 pesetas más de lo que le había costado.

El juicio. 30 de enero de 1961

Casi ocho años después del sacrílego robo, el 30 de enero de 1961, la Audiencia Territorial de Sevilla dictaba sentencia. La ciudad había honrado sobremanera a la Patrona con una misa en desagravio y con la imposición de la Medalla de la ciudad en 1958.

Al juicio acudían procesados casi una decena de personas. Entre ellas, el sacristán de la Catedral, Domingo Padilla Fernández, acusado por el Ministerio Fiscal, al que muchos responsabilizaron del robo y que finalmente, quedó absuelto.

Emilio García Gómez
. Condenado como autor de un delito de robo, con una circunstancia de atenuación, a seis años de presidio menor. Pese a todo fue considerado un atenuante que los hechos los cometiera siendo menor de edad al contar con 17 años. A la condena se le añadió la suspensión de sus cargos públicos, profesión u oficio así como el derecho de sufragio durante su estancia en prisión. También se le requirió pagar 100.000 pesetas a la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, 250 a María Cansino García y 1.400 pesetas a Macario del Santo Alcalde. Su defensa reconoció conductas delictivas de su cliente si bien solicitó, tan sólo, una pena de dos en lugar de los seis con los que fue sentenciado.

José Ruiz Domínguez
. Platero que ayudo a escapar a Emilio además de comprarle joyas. Condenado como autor de un delito de encubrimiento a dos años de presidio menor y multa conjunta de 5.000 pesetas. A la condena se le añade la suspensión de sus cargos públicos, profesión u oficio así como el derecho de sufragio durante su estancia en prisión. También fue condenado a indemnizar a María Liñán con 7.000 pesetas. Su defensa había solicitado la absolución al no encontrar hecho delictivo alguno.

Máximo Gómez Fontanal
. Guardavías de Renfe. Condenado como autor de un delito de hurto a seis años y un día de presidio mayor. También se procede a la inhabilitación en su oficio durante el tiempo que durara la condena. La sentencia también le obliga a indemnizar a José Sciortino Crisi con 7.000 pesetas. Su defensa había negado en el juicio todos los hechos que se le imputaban por lo que solicitó su absolución.

Enrique Antonio Quesada Uzcanga
. Joyero de Irún. Negocia con las joyas que le vende el guardavías. Condenado como autor de un delito de receptación a la pena de seis años y un día de presidio mayor y 25.000 pesetas de multa. También se procede a la inhabilitación en su oficio durante el tiempo que durara la condena. Durante el juicio, su defensa negaba la participación de éste en los hechos.

Máximo Preciados Míguez de Nanclares
. Le compró joyas al guardavías y las vendió a Filomena, la corredora de alhajas vitoriana. Condenado como autor de un delito de encubrimiento a la pena de dos años, cuatro meses y un día de presidio menor, 5.000 pesetas de multa. A la condena de le añade la suspensión de sus cargos públicos, profesión u oficio así como el derecho de sufragio durante su estancia en prisión. También se le condena a indemnizar a José Sciortino Crisi con 7.000 pesetas. Su defensa alegó que los hechos que se le imputaban no estaban probados por lo que le solicitaba la absolución.

Filomena Mendoza Pereda
. Corredora de joyas vitoriana. Condenada como autora de un delito de encubrimiento a la pena de seis meses y un día de prisión menos y una multa de 5.000 pesetas. A la condena se le añade la suspensión de sus cargos públicos, profesión u oficio así como el derecho de sufragio durante su estancia en prisión. A todo ello, se le une la condena a indemnizar a José Sciortino Crisi con 7.000 pesetas. Su defensa alegó que el sumario del juicio no demostraba culpabilidad alguna de la procesada y solicitaba su absolución.

Agradecimientos:  
José Antonio Rodríguez, periodista que hizo un impresionante trabajo de investigación sobre lo ocurrido en torno al robo del año 1953 de las joyas de la Virgen de los Reyes de Sevilla, la huída y las sentencias de los juicios de 1961.

Así como todas las personas mayores de Agurain que nos han ayudado a componer esta historia tan novelesca
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