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jueves, 3 de marzo de 2022

Hermanas Clarisas

 

Monjas Clarisas de Agurain

Monjas Clarisas de Agurain


Las Clarisas de Agurain cumplen 400 años


Carretera de Gordoa y a la derecha la muralla del Convento de las hermanas Clarisas de Agurain


Las beatas de San Pedro profesaron la regla de Santa Clara en junio de 1611. Desde entonces, oran por sus semejantes y los endulzan.



Las clarisas de Agurain cumplen 400 años

Hace algo más de un año dieron comienzo las obras en el convento de las Hermanas Clarisas de Agurain y en su entorno. En primer lugar fue derribada la tapia que separaba el huerto del convento de la Plaza de Santa Clara y luego se excavó el propio huerto. Posteriormente en el subsuelo de este espacio se procedió a la construcción de unos sótanos donde en la actualidad  ya se aloja el nuevo obrador de repostería de las monjas, que responde tanto a la demanda de sus productos de repostería, como a los

requerimientos sanitarios que la administración impone a la hora de la elaboración de un producto destinado a la alimentación.

Las hermanas clarisas de Agurain trabajando en su obrador antiguo


Sobre el nuevo obrador ha vuelto a emplazarse la huerta. Ya también se ha procedido a la adecuación del espacio comunitario, con servicio en las celdas y eliminación barreras arquitectónicas.


Convento de San Pedro de las Hermanas Clarisas de Agurain


Se trata de la materialización de un proyecto que llevaba gestándose desde hace bastante tiempo en el seno de la comunidad de las Hermanas Clarisas de Agurain. No obstante las obras le han obligado a trasladarse temporalmente a un edificio propiedad municipal, la casa de Bustamante de la Calle Zapatari, construida en el siglo XVII. Eso sí, pese a la mudanza, las monjas no han abandonado la elaboración de sus pastas y trufas, que las comercializan en la actualidad en un local ubicado en el portal 43 de la Calle Mayor.

Es parte de una labor que se viene desarrollando desde hace 400 años, cuando se asentó esta comunidad en Agurain como parte de la Orden de Hermanas Pobres de Santa Clara.

Fue concretamente un 29 de Junio de 1611 cuando las integrantes de la comunidad de beatas de San Pedro profesaron la Regla de Santa Clara.

Sin embargo, su acercamiento al ámbito franciscano había sido anterior, ya que desde 1522 formaban parte de la Tercera Orden Regular de San Francisco llamada también de Penitencia o de Santa Isabel.


Dibujo de Marcelino Rico del Convento de San Pedro –Hermanas Clarisas de Agurain


LAS BEATAS

Florencio Arza Alday, sacerdote de la Diócesis de Vitoria, cuenta en un artículo publicado en la revista Vasconia las vicisitudes de estas comunidades de beatas en Agurain del siglo XVI.

En principio se denominaban “beatas” a las mujeres que cuidaban de las ermitas y otros lugares de culto, distinguiéndose entre las que vivían en comunidad en los llamados beatérios, bajo el patrocinio de la Villa de Salvatierra – que eran el de Ula, en la salida de la Villa hacia Zuazo de San Millán, y el de Arana, entre Arrizala y Eguileor- las que vivían solas en ermitas, tanto intramuros, como la de San Martín, en la actual Casa Consistorial, como extramuros, como la de Sallurtegui.

Convento de San Pedro de las Hermanas Clarisas de Agurain con nieve


La ermita de Ula existía ya en el año 1270, cuando fue donada a la Villa de Salvatierra por el rey Alfonso X.

Actualmente se encuentra integrada en el caserío del mismo nombre, pero en su origen era la parroquia de una aldea que se despobló por esas fechas. En esta ermita existía comunidad de beatas cuya dependencia del Concejo de la villa era tal que, según relata el padre Arza, cualquier mujer que quisiera ingresar en ella debía solicitarlo a la Justicia y Regimiento de la Villa – lo que hoy llamaríamos Ayuntamiento- la cual estudiaba la solicitud y admitía a la candidata.  Lo cierto es que en los archivos no se ha encontrado ningún acta de rechazo de una candidata, lo cual es explicable, ya que la villa, exigía dos requisitos para la admisión: contar con el testimonio favorable de alguna persona de prestigio y abonar una dote de ingreso. Obviamente quienes no cumplían esas condiciones se abstenían de pedir su ingreso.



La condición de estas mujeres tras su ingreso en el beaterio era la de “beata mera, lega libre”, lo cual exigía dos compromisos, uno de obediencia  a la beata mayor o madre vicaria, que estaba al frente de la comunidad, y otro a la villa que ejercía el patronazgo, cuyo concejo podía, por ejemplo, trasladarla a otro beaterio o ermita bajo su patronazgo si lo consideraba necesario.

Otro requisito de las candidatas era ser virgen y mostrar su voluntad de seguir siguiéndolo. Mantener relaciones sexuales significaba su expulsión del beaterio y la pérdida de la dote.

Para expresar su condición de vírgenes, las mujeres vascas de aquella época decían que eran “doncellas en cabello”, lo que exteriorizaban, según cuenta el viajero italiano Andrea Navaggero en 1528, llevando “el pelo cortado, dejando sólo para adorno algunas mechas”.

A diferencia de estas comunidades de Ula y Arana, la de beatas de San Pedro , al pertenecer, como ha quedado dicho, a una orden  regular – es decir, con una regla reconocida- eran conocidas como las beatas profesas, no dependiendo de la Villa, sino de su orden.



El origen de esta comunidad está en una donación que hizo en 1446 doña Juan garcía de Lekedana, quien en su testamento donó una casa “parta alguna buena  persona de santa, buena y devota vida religiosa” a la que se acogieron un grupo de mujeres de Salvatierra. Germen de la actual comunidad de Hermanas Clarisas. Desde entonces favorecen a sus semejantes, y a los aguraindarras, en primer lugar , con sus oraciones , y como no, con su repostería.

La vitalidad de esta comunidad se evidencia no sólo por su pujanza y las citadas renovaciones que están llevando a cabo, sino también porque han fundado en 1997 un monasterio en Los Ríos (Ecuador) en el actualmente residen 22 monjas.


Muralla del convento de las Hermanas Clarisas e Iglesia de San Juan de Agurain


LA PLAZA DE SANTA CLARA Y EL CONVENTO DE SAN PEDRO

Tras pasar la Plaza e Iglesia de San Juan para introducirnos en la Calle que parte de su lado norte, la Calle Carnicería. Se inicia con un ensanchamiento justo ante las huertas del  Convento de Santa Clara.

Es la plaza del mismo nombre, conocida también como la Plaza de las Monjas.

En la calle se disponen los edificios de manera que podemos apreciar tanto las traseras de las casas de la calle Mayor como las fachadas principales de algunos palacios urbanos. Se puede ver que en el desarrollo de la vía hasta la Parroquia de Santa María hay un edificio religioso y dos de carácter civil que merecen ser reseñados.

Pero volviendo a la Plaza de Santa Clara queremos mostrar con fotografías los cambios que ha ido evolucionando desde que era la Plaza de los Guardias, por donde sacaban los caballos la Guardia Civil hasta convertirse en Museo Cerámico, donde se exponen parte de las hermosas  Cerámicas que se realizaron en la antigua fábrica “Cerámica Alavesa” de Agurain.


PLAZA DE SANTA CLARA O DE LAS MONJAS


Rehabilitación de la Plaza de Santa Clara de Agurain años 1960 –1980 y 2010 - Actual Museo Cerámico al aire libre


CONVENTO DE SAN PEDRO

Nada más acceder a la calle, nos encontramos con los sobrios muros del Convento de San Pedro, en el que hoy resiste una comunidad de Madres Clarisas. Esta institución tiene su origen en un beaterio, también bajo la advocación de San Pedro, fundado por Juana García Ibáñez de Baquedano en el año 1446. Lo ocuparon en un primer momento beatas de Santa Isabel que tenían una casa en Agurain, residiendo en la ermita de Nuestra Señora de Arana y Nuestras Señora de Ula, extramuros de la villa.



Al quedar destruída la residencia intramuros en el incendio de 1564, las beatas fueron acogidas en la ermita de San Martín.

Tras el intento fallido de fundar un convento de franciscanos calzados, en 1611 se instalaron las Madres de Santa Clara, cesión que se ratificó en Aranzazu el 22 de Enero de 1612. Las beatas de Santa Clara manifestaron que querían observar la regla de Santa Clara, quedando así definitivamente habitado el convento.

Inicialmente, las madres pidieron permiso para ocupar la muralla, abrir ventanas, construir un pozo y trabajar en la huerta de San Juan. El Ayuntamiento accedió a la petición, cediendo el terreno desde el Portal de las Carnicerías hasta la parroquia de San Juan y comprometiéndose a suministrar la piedra para las obras, el agua necesaria para abastecer el convento y a acceder al uso de la huerta parroquial.



Todavía hoy se conserva una puerta de acceso a ésta desde la calle, conocida como la “Puerta del Campo”, que responde a las condiciones  que se impusieron en el siglo XVII para su ejecución.


Antigua foto de la Calle Carnicerías de Agurain de 1940


Sin embargo, a pesar de estas facilidades, para el año 1616 se hizo necesario la ampliación del convento, que se acometió ese mismo año, quedando las obras  a cargo del maestro carpintero Joanes de Otormin.

Transcurridas cuatro décadas, las religiosas comenzaron los trámites para construir una iglesia. El primer intento realizado en 1657, consistió en solicitar permiso para comprar una casa que daba a la Calle Mayor.

Se pretendía así que la fachada del nuevo templo se abriese a la vía principal, pero el Cabildo eclesiástico consideró que esto perjudicaría a las otras parroquias salvaterranas, hecho que provocó el abandono del proyecto.

Hubo que esperar al año 1679 para que se comenzaran las obras de la actual iglesia conventual, que se prolongaron hasta el año 1685.

Comenzaron la construcción Juan Longa y uno de sus hermanos, quienes trabajaron hasta 1683, fecha en que quedaron a cargo Felipe Ezcurra y Martín Balanzategui, que fueron los que finalizaron las obras. Pero la iglesia ni siquiera pudo cumplir un siglo de vida, y en el año 1764 fue totalmente destruida por un incendio que obligó a su reconstrucción.



A principios del siglo XVIII se le añade un motivo heráldico sobre el arco de acceso, se trata del escudo de la Villa, acompañado de inscripción “LEAL VILLA de SALVATIERRA” y fue incluido para pedir que la congregación tuviera en cuenta al Consistorio en sus oraciones, pero también, y principalmente para indicar que es el Ayuntamiento quien ejerce patronazgo sobre el templo.

Esta idea se refuerza al interior, con la presencia de otros dos escudos municipales en las pilastras laterales del acceso a la Capilla Mayor.

Tras visitar el convento de Santa Clara y deleitarnos con sus dulces, hemos de fijarnos en la casa situada frente al acceso principal, en el número 1 de esta calle. El relieve que centra sus fachada representando dos llaves entrecruzadas, nos habla de su vinculación con el clero, y una inscripción indica que fue construida en 1787, algo más de veinte años después del incendio de la iglesia de San Pedro.

Se trata del antiguo hospicio del Convento, que fue también casa para el vicario de las monjas. Aunque hoy haya perdido su función, su presencia nos recuerda que todo este primer tramo de la Calle Carnicería fue ocupado por las Clarisas, que encontraron en él el recogimiento necesario para su vida monacal.


Bibliografía:
Fernando Sánchez Aranaz:  Las Clarisas de Agurain cumplen  400 años – Diario Noticias de Alava
Amaia Apraiz Sahagun – Ainara Martínez Matia  - Agurain: Un recorrido a través de la historia y de las artes
Fotos:  
Eva San Pedro
Hermanas Clarisas
Jaso Ruiz de Alegría
Txumari Garagalza
Roberto Eguino


 

Los goxos

 

Los Goxos de las Monjas

Monjas Clarisas de Agurain
Dulces de las Clarisas en la Parte Vieja Donostiarra
Turrones y mazapanes de las religiosas de Agurain se venden en la tienda de comercio justo de Kitzin en la Parte Vieja donostiarra.

    Cuenta Dorleta Unanue que es la responsable de la tienda de comercio justo Kitzin en la Calle Narrika de Donosti, gestionada por Cáritas, que están venga hacer pedidos.

 “Los dulces navideños de las Clarisas de Agurain están siendo un éxito total”, dice, “El año pasado contactamos con los de Kidenda de Bilbao que trabajaban estos productos que elaboraban las clarisas con panela y cacao de Ecuador. Ha sido tal la acogida que cada dos por tres estamos llamando al convento pidiendo más”.

 Es el primer año que la comunidad de Agurain manda sus turrones a la Parte Vieja ”No me imaginaba que iban a tener tanto éxito” dice la hermana Conchi desde el convento de la antigua Salvatierra.

 El primer pedido de Dorleta ya le pareció grande “Madre que ruborosa es esta mujer” me dije. Y llegaron más. Para ser el primer año se está vendiendo bonitamente.

  Al principio se pensó sólo en la tienda de la Parte Vieja, pero luego desde el txoko de comercio justo de Egia, ubicado en los bajos de la parroquia de María Reina se empezaron a pedir dulces, aclaran los voluntarios de Cooperación Internacional.

  En el éxito de los turrones ve la hermana Conchi “La mano de Dios”. “Yo le digo: nosotras hacemos y Tú vendes”. Y así está siendo, explica.


Nuestras hermanas en Ecuador nos mandan el cacao tostado y pelado y nosotras lo molemos

  Las religiosas afincadas en Alava ya colaboraban con la tienda de Comercio Justo de Bilbao y de Vitoria. “Tenemos hermanas en Ecuador que nos mandan el cacao, tostado y pelado. En la cocina del convento con la máquina de almendras lo molemos y hacemos polvo finito. A las trufas, al turrón de trufa..  a todo se le echa cacao de Ecuador. Y a los del comercio justo les compramos el azúcar de caña, con el que hacemos pastas y turrones”.

 En Agurain se cuida la materia prima y la elaboración y además le echan cariño, aunque no están llamadas a ser reposteras, dice Conchi. “Cuando has sido llamada a ser Clarisa es para ser una mujer consagrada a Dios. Y desde ahí intentamos vivirlo todo”.

   Pero a “Dios rogando y con el mazo dando”  Acabamos de hacer una obra tremenda en el convento. Se tuvo que vaciar todo y gracias a la repostería y a nuestros trabajos de confección vamos pagando.

  Las hermanas Clarisas de Ecuador y las de Agurain pertenecen a la misma comunidad. “Ellas dependen de la casa madre que es la nuestra". Aquí estamos 23 hermanas y allí 27, cuenta la hermana Conchi.

   La tradición de llevar huevos a las clarisas no se nota mucho en Agurain. “Soy del pueblo y de vez en cuando se escuchaba, sobre todo a la gente fuera que si alguien se casaba, se iba a llevar huevos a las clarisas para ver si hacía bueno, dice “Pero no era habitual”.

Todos los días bueno

  Reciben los huevos de forma ocasional “Pues muy bien” comenta. Para Conchi no hace falta que salga todos los días el sol, porque todos los días son buenos.

 “Cada día es el mejor que tenemos. Se trata de coger lo que se presenta. Cuando Jesús veía salir el sol decía: A ver si somos como mi Padre, que hace salir el sol para buenos y para malos”.

El convento está situado en el casco viejo de Agurain. “Ahí está la muralla y hemos tenido muchos problemas con ella para hacer la obra", explica la madre Conchi.

La imagen del pueblo ha cambiado. “Viniendo de Donosti la vista ha cambiado mucho con el arreglo de la muralla. Tiene un aspecto precioso".

 En San Sebastián venden trufas, turrón de yema, de trufa, polvorones, mazapanes y algunas otras cosillas dentro de los dulces de Navidad.

 Las hermanas han aprendido a ser reposteras. “Nos hemos ayudado de pasteleros y gente que elabora turrones, porque nuestro fuerte son los dulces de Navidad” explica la hermana Conchi . “Durante el año el goteo de gente que viene a comprar a nuestro convento es para adquirir pastas, trufas o rocas..”
 Tienen remanente y también trabajan por encargo “hay gente que recoge el pedido mediante agencia de transporte y hay quien viene a por ello cuando ya está preparado".

 Las Clarisas, religiosas de la caridad, son hermanas y se tratan como tales, aunque tienen una abadesa, ”A Santa Clara nuestra fundadora le pusieron un cargo y no quería saber nada de él, pero tuvo que aceptarlo. Hay una normativa pero con la peculiaridad de ser hermanass servidoras unas de otras".

Cristina Turrao Diario Vasco - Guipuzcoa

DULCES DE LAS CLARISAS DE SALVATIERRA EN LA TIENDA DE COMERCIO JUSTO DE CÁRITAS

La tienda de Comercio Justo que Cáritas tiene en la Parte Vieja donostiarra ofrece desde esta semana dulces navideños de las hermanas clarisas de Salvatierra. Y en vísperas de la Navidad, Cáritas Gipuzkoa nos anima a adquirir nuestros regalos en estas tiendas y nos recuerda que "un regalo de Comercio Justo es un regalo para todos". Además nos llama a no malgastar y hacer un uso responsable del dinero.

La tienda de Comercio Justo que Cáritas tiene en la Parte Vieja donostiarra ofrece desde esta semana dulces navideños de las hermanas clarisas de Agurain - Salvatierra. Turrones, polvorones y mazapanes, además de otros dulces típicos de estas monjas.

Y en vísperas de la Navidad, Cáritas Gipuzkoa nos anima a adquirir nuestros regalos en estas tiendas y nos recuerda que "un regalo de Comercio Justo es un regalo para todos".

 
Cáritas nos llama a no malgastar y  hacer un uso responsable del dinero
 

Además de no olvidarnos de los más desfavorecidos estos días, Cáritas Gipuzkoa nos invita a adquirir nuestros regalos en las tiendas de Comercio Justo. En ellas encontraremos no solo numerosas ideas para regalar, sino también alimentos, adornos para nuestro hogar, artesanía de diversas partes del mundo y otros artículos, entre los que se incluyen también nacimientos.

KITZIN, LA TIENDA DE COMERCIO JUSTO DE LA PARTE VIEJA DONOSTIARRA



En todo Gipuzkoa podemos encontrar tiendas y artículos de comercio justo y en  San Sebastián, la principal tienda de Comercio Justo es KITZIN, y está situada en la Calle Narrika, nº 19  de la Parte Vieja.


La feria Goxo Goxo abre cada año sus puestos en el centro de Vitoria para trasladar a los gasteiztarras y alaveseslos productos navideños de veinte comercios alaveses. Cuatro días para hacer acopio de comida y regalos para todos los gustos.


“Cuando la gente prueba nuestros productos siente la dulzura de Dios” “Los clientes buscan cosas distintas. Quieren algo que les sorprenda” “Los vitorianos son queseros, pero aún es difícil sacarles del Idiazabal” “Los que compran turrón para Navidad se lo acaban antes y vuelven a por más” “No puedes quedarte sentada. Tienes que salir a que te conozcan”

El puente se anticipa bueno en Alava, para que los alaveses, vitorianos y visitantes  puedan disfrutar de un poco de calor navideño de la mano de la tradicional feria Goxo Goxo. Desde hoy y hasta el lunes, una veintena de comercios alaveses instalarán sus puestos en la zona de la plaza de Correos y la calle Independencia para trasladar sus productos artesanos a la sexta edición de este encuentro comercial en la capital alavesa. Un escenario en el que los más golosos sabrán cuándo entran, pero no cuándo salen.


De todos los puestos que estarán presentes, uno de los que a buen seguro mayor atención acaparará será el de las hermanas Clarisas de Agurain. Ellas, evidentemente, no estarán presentes -son monjas de clausura- así que serán voluntarios los que se encargarán de vender los chocolates, mazapanes, turrones o trufas, entre otros manjares, que elaboran con un mimo especial y la colaboración de las hermanas misioneras que viven en Ecuador. “Las trufas, por ejemplo, gustan mucho porque ellas nos mandan el cacao tostado y pelado desde Ecuador y aquí lo molemos y añadimos al chocolate”, explica desde el convento aguraindarra una de las hermanas, Conchi Ruiz de Munain.


Los clientes que adquieran sus productos en Goxo Goxo tendrán el cielo ganado por partida doble, pues además de degustar sus dulces ayudarán a que las hermanas Clarisas puedan seguir pagando las obras del convento, que les están causando más de un quebradero de cabeza.


“Hemos tenido que arreglar el convento y nos hemos metido hasta las pestañas. Se ha disparado todo por las nubes, pero creo que Dios quiere que podamos pagar las obras vendiendo nuestros productos”, sostiene con una sonrisa esta hermana, consciente de que el cuidado con el que cocinan sus manjares -“con todo traído de los pueblos de por aquí”- les confiere un toque propio que no lo da la elaboración “en una fábrica”. “Los hacemos con todo el cariño y acordándonos de los que se los van a comer, para que sientan la dulzura de Dios”, sostiene Conchi Ruiz de Munain.


Menos divinos pero no por ello menos gloriosos son los quesos que pondrá sobre la mesa en Goxo Goxo Arturo Iglesias, de La casa de los quesos, durante los tres próximos días. Aunque en su establecimiento cuenta con nada menos que trescientos tipos diferentes de este producto, su puesto en la feria contará con casi setenta para hacer las delicias de los vitorianos más queseros, que son muchos. “Los vitorianos son muy queseros, aunque todavía es difícil sacarles del Idiazabal, y eso que lo vamos consiguiendo poco a poco y cada vez se lanzan más a probar otras denominaciones o quesos internacionales”, apunta Iglesias, que a buen seguro dejará alucinados a muchos de los que se acerquen a su txoko con la máquina Girolle, que transforma un pedazo de queso en una flor. Magia.


“Se clava en la máquina un queso suizo, el Tête de Moine, y por cada giro sale una flor. A la gente le llama muchísimo la atención”, asegura el responsable de La casa de los quesos gasteiztarra, que acude a Goxo Goxo por tercer año consecutivo y será víctima como pocos del frío -e incluso la nieve, según las previsiones- que azotará Vitoria durante este puente de la Constitución. “Otros meten un calefactor en la caseta pero yo no puedo para que no afecte a la temperatura de los quesos. Me toca chupar un frío de narices todos los años”, subraya sincero entre risas.

SALIR DE LA TIENDA
Teniendo en cuenta que todavía restan veinte días para Nochebuena, los alaveses que desde hoy se animen a comprar los productos culinarios de los comercios de Goxo Goxo van a tener que hacer una ardua labor de contrición para que chocolates, turrones y demás lleguen a la mesa familiar sanos y salvos en esa noche tan especial. “Muchos clientes vienen a comprar los turrones, por ejemplo, y dicen que los van a guardar para Navidad. Pero se los comen y tienen que volver a comprar más a los pocos días, señal de que les ha gustado. Cuando llegan estas fechas los vitorianos somos mucho más golosos que el resto del año”, asevera Álvaro Ortiz Murgia, maestro pastelero de La Peña Dulce y Chokoreeto, que además de polvorones, yemas, trufas, chocolate caliente o piruletas lucirá en sus estante dos de sus productos estrella: las tabletas de turrón en formato mini y las nubes de chocolate con las que ha cruzado fronteras y llegado hasta Japón.

“Son como los jamones rosas de siempre pero con sabor de chocolate negro o blanco. Vendimos unas unidades a Japón a través de un contacto al que distribuimos trufas y les gustaron mucho”, expone Álvaro Ortiz, que acudirá a Goxo Goxo consciente de que en estos tiempos “siempre es bueno sacar tu producto a la calle y acercarte a otro tipo de clientela que no te conoce o no entra a tu tienda habitualmente”.


Un objetivo que comparte con otros asistentes a la feria de la calle Independencia y la plaza de Correos, organizada por la Federación Alavesa de Comercio. “A las tiendas la feria nos viene muy bien. La nuestra, por ejemplo, está en pleno centro de la ciudad, pero como Vitoria la están desertizando completamente tengo que salir a que la gente me conozca. Cada vez viene menos gente al centro, así que tienes que salir tú. No me puedo quedar sentada en mi local tal y como están los tiempos, aunque en Goxo Goxo yo tengo el puesto a cincuenta metros de mi tienda”, argumenta Elena Entrialgo, de la perfumería Ibarrondo. Y es que no sólo de dulces vive Goxo Goxo.

En su caso, Ibarrondo acudirá a la feria con un objetivo diáfano, promocionar su producto estrella: el agua blanca de Vitoria. “La creamos cuando cumplimos el sesenta aniversario, inspirada en el parque de La Florida”, explica Elena Entrialgo sobre una fragancia elaborada por el perfumista Jimmy Boyd con un diseño del reconocido artista gasteiztarra -y a la sazón hermano de Elena- Mauro Entrialgo. “El año pasado participamos en la feria por primera vez y gustó muchísimo. Me gusta el ambiente que se genera. En vez de Vitoria parecía el mercado de Nuremberg”, rememora Elena, aunque no alemanes, sino alaveses, son los veinte comercios que participan en la feria.

“La gente tiene ganas de cosas distintas, de comprar en entornos distintos, así que la mayoría se lleva un chasco cuando les dices que la feria sólo va a estar cuatro días. Te piden que te quedes hasta Navidad”, sostiene finalmente Bienvi Batanete, de Delicatessen La Blanca, sobre su experiencia del pasado año. En esta edición hace doblete, además, con Licores La Blanca, formando una pareja de casetas en la feria con productos dulces, como mermeladas de todo tipo y condición “tenemos de manzana, canela y nuez, de melocotón, ron y almendras o los chocolates con pétalos de flores” además de delicias saladas como vinagres especiales, bonito del norte y otras sorpresas.

Bienvi Batanete lamenta que, pese a ser la quinta edición, “la gente se encuentra la feria mientras pasea más que ir directamente a ella”, y por eso toca adaptarse a las circunstancias y vender “productos más bien baratos y sobre todo que no pesen ni sean muy grandes, porque si no te dicen que no quieren meterlo en el bolso o llevarlo en el tranvía hasta casa”. Con el temor común a que la nieve haga acto de presencia, los comerciantes alaveses poblarán un año más la feria Goxo Goxo para adelantar la Navidad a los gasteiztarras.

LA CIFRA LOS DATOS

Feria. Goxo Goxo, organizado por la Federación de Comercio de Álava, cumple este año su sexta edición concentrando a una veintena de comercios alaveses en el centro de la ciudad para vender sus productos.
Horario. La feria abre sus puertas esta tarde a las 18.00 horas hasta las 21.30 horas. Sábado y domingo estará abierta de 12.00 a 14.30 horas y de 18.00 a 21.30 horas, y el lunes, último día, sólo en horario de mañana.
Comercios del año 2014

Los establecimientos alaveses que contarán con puestos en la feria son los siguientes: Oleoteca Gourmet La Chinata, Licores La Blanca, Librería-Papelería Ayala, Quesos Izoria, Intermelos, Delicias, Autoservicio Lucerito, La Peña Dulce y Chokoreeto, El olivo de Luarca, Paté Artesano Imuru, Delicatessen La Blanca, La Guinda, Corre 34 Delicatessen, Pan San Prudencio, Hermanas Clarisas, La casa de los quesos, Pastelería Araia, Ibarrondo y Librería Anegón.

DAVID ORTEGA. ALEX LARRETXI